Periodismo. Primera parte
Periodismo. Primera parte Si el progreso es la condición esencial de la existencia de todos los seres creados, nunca su marcha se manifiesta tan majestuosa y tan terrible como en la marcha de los pueblos a la libertad y a la civilización. Por desgracia de la humanidad, sus huellas quedan marcadas siempre con sangre en los campos de batalla, o en los patÃbulos, y en las humeantes ruinas de las ciudades y de las aldeas; la libertad necesita mártires: su sangre debe caer como un rocÃo benéfico sobre la tierra, y de su sepulcro deben brotar laureles, a cuya sombra los pueblos emancipados o redimidos escriban tranquilamente sus instituciones que son la bandera con que deben en lo sucesivo lanzarse al combate, en busca de nuevas conquistas de civilización y de progreso, hasta llegar al nuevo triunfo; renovando asà esa incesante lucha de la humanidad en que cada sol alumbra sobre la tierra nuevos combates, nuevos triunfos, nuevas conquistas, nuevas vÃctimas y nuevos caudillos. Pero ¡ay del pueblo que marcha sin bandera!, ¡ay de aquel que la abandona! ¡ay del que la deja despedazada, después de haberla visto coronada con los laureles de la gloria!, este pueblo no merece ni sus mártires, ni sus instituciones, ni sus banderas, ni sus caudillos, ni sus héroes, ni sus victorias: este pueblo no es pueblo, es un confuso hacinamiento de hombres sin ideas y sin corazón, una masa de individuos ligados entre si por intereses bastardos; es la grey de esclavos dignos del látigo de su señor; es, en fin, el caos inexplicable, incomprensible de los elementos sociales: es la nada, o es el cáncer de la sociedad.
