Periodismo. Primera parte
Periodismo. Primera parte Largo y cano el espeso bigote, corto el cabello, fruncido tenazmente el entrecejo, el sombrero caído sobre la frente, altivo y marcial el continente, un pantalón y un chaleco de paisano, una levita militar, un bastón nudoso, y un tabaco, casi siempre de la peor clase.
He aquí al retirado del ejército.
El día es demasiado largo para lo que tiene que hacer, y sin embargo, necesita desvelarse porque el día no le es suficiente.
Paradoja que es una verdad tratándose de este personaje, que ha sobrenadado en el hundimiento de su batallón o de su brigada, como la tabla de un buque náufrago.
El retirado es la tradición encarnada de glorias bélicas, que casi siempre han escapado del anzuelo de los historiadores y de los poetas.
Algunas prendas del equipaje, y muchas relaciones de batallas campales y de sitios, y de albazos y de triunfos y derrotas; esto es cuanto conserva de los días felices, en que atravesaba las alegres calles de México, al son de las músicas para llevar a su cuerpo a misa o a ejercicio.
¡Aquéllos eran tiempos! Pero como dijo el poeta:
«Humos las glorias de la vida son».
