Periodismo. Primera parte
Periodismo. Primera parte En todas las discusiones políticas, y en todos los cálculos sobre el porvenir de la nación, sobre el restablecimiento de la paz y sobre la estabilidad del gobierno, viene a encontrarse siempre un punto oscuro, un escollo contra el cual se estrellan, según se dice, las mejores y más ardientes intenciones.
Ese punto oscuro, ese escollo, ese hasta aquí de todas las ilusiones políticas y patrióticas, es el estado del erario público, es el desequilibrio del presupuesto, es el horrible deficiente que asoma a cada momento su espantosa cabeza y sus fauces abiertas y amenazadoras. ¿Se trata de mejoras materiales? Mil y mil ocurren inmediatamente como necesarias para el progreso de la república: desecación de lagos, vías férreas, establecimientos científicos, líneas telegráficas, compañías de navegación, exposiciones de industria, puentes, canales.
Pero los números llegan con su inflexible lógica, y todos aquellos jardines se desvanecen como una ilusión de niño.
La cifra no cabe en el presupuesto, porque el presupuesto no cabe tampoco en sí mismo.
El deficiente hace huir a la ilusión.
