Periodismo. Primera parte
Periodismo. Primera parte Discútense en el seno de la representación nacional algunas reformas constitucionales, que una vez aprobadas allí pasarán al examen de las legislaturas de los estados, buscando ese consentimiento de la mayoría que es la base de todos los pactos políticos en el sistema democrático.
Nosotros esperamos con ansiedad el resultado de esa lucha parlamentaria, porque no creemos que la Constitución de 1857 sea una obra perfecta, por más que la consideremos como buena, y deseamos la reforma, conforme con el espíritu de la misma Constitución.
Pero esas reformas deben ser de dos clases, atendiendo a lo que es y debe ser una Constitución verdaderamente democrática.
En primer lugar, reformas relativas a vacíos o lagunas, que la experiencia de largos años ha demostrado que existen en la Constitución que nos rige y que es necesario o útil llenar.
Segundo, disposiciones constitucionales existentes en las cuales los constituyentes se excedieron en su mandato poniendo restricciones a los derechos del hombre o a su ejercicio, y esto ya directa, ya indirectamente.
En la primera de esta clase de reformas entran la ya tan discutida del Senado y de la que nos ocuparemos en otro lugar, y la tan olvidada de las relaciones entre la federación y los estados.
