Periodismo. Primera parte
Periodismo. Primera parte Turba gentil, de rostros de querubines y cabelleras de ángel, cubiertos de seda, de terciopelo, de encajes y de listones; bandadas de aves que tendéis el vuelo al porvenir; esperanzas de la humanidad, de la patria y de la familia; encanto de vuestras casas; espuma, flor y nata de la sociedad; vosotros, niños de 1881, sois los felices, porque habéis encontrado el mundo en primavera y la mar en leche; vosotros no tenéis de vuestros padres más que el amor y no los vestidos viejos; y de vuestras madres la ternura y el mimo, y no los ingratos recuerdos de la peinada del sábado y del tabaco para los berrinches.
Hombres que peináis canas, o que de puro calvo no peináis nada, a no peinaros peluca, vamos a cuentas; hablemos de los niños de antes, desenterrad o exhumad, como dicen los inteligentes, vuestros recuerdos, y decid a esos niños que juegan sobre vuestras rodillas, o a esas jóvenes que os miran ya con respeto, cuánto ha valido para ellos el adelanto y el progreso, de cuánto les ha servido nacer en estos años y no en los dÃas de nuestra gloriosa emancipación social.
¡OÃdo a la caja! Y aunque no salgan en orden, llamemos esos recuerdos como el prestidigitador que hace salir de su baraja la carta predilecta a impulso de su palabra cabalÃstica.
