Cónclave
Cónclave Lomeli cierra los ojos. Ha cometido el peor pecado del cónclave: revelar información que podrÃa alterar el voto.
Pero cuando los abre, ve algo inesperado. Alivio en los ojos de BenÃtez.
—Gracias, eminencia —dice el filipino, con una voz tranquila—. Ya no tengo que ocultarlo más.
La confesión sacude la Capilla Sixtina.
Lomeli no sabe qué pasará. Ha roto las reglas, pero ha salvado a la Iglesia de una mentira.
Los cardenales votan.
Uno a uno, los papeles caen en la urna.
Lomeli observa el conteo con el corazón en un puño.
BenÃtez ya no es el favorito. La balanza ha cambiado.
Los votos se acumulan en otro nombre.
Uno que nadie esperaba.
Uno que no buscó el poder, pero que ahora es el único en quien todos confÃan.
Lomeli siente un escalofrÃo.
Los ojos de Bellini se clavan en los suyos.
—Jacopo —dice con voz solemne—, el EspÃritu Santo ha hablado.
Lomeli traga saliva.
Su propio nombre ha sido elegido.
Los cardenales se inclinan.