Las cartas secretas del monje que vendió su ferrari
Las cartas secretas del monje que vendió su ferrari —Papá, ¿puedes venir a cenar esta noche? —le preguntó su hijo, Lucas, desde la puerta de su oficina en casa. —Tengo que trabajar, campeón. Lo siento. Mañana, ¿sí? Lucas asintió, pero su rostro decía otra cosa. Jonathan lo vio irse y sintió esa punzada de culpa que últimamente se había vuelto parte de su rutina.
Aquella noche, cuando ya se preparaba para otra sesión de insomnio, su teléfono sonó.
—¿Jonathan? —Era su madre. Su voz tenía una urgencia que le heló la sangre—. Tienes que ver a tu tío Julian. Es importante.
Julian Mantle. Su tío excéntrico, el hombre del que apenas hablaban en la familia. Había sido un abogado legendario, hasta que un día desapareció, vendió todo y se fue al Himalaya en busca de iluminación. Jonathan no entendía cómo alguien podía tirar su vida a la basura de esa forma.
—Mamá, ¿qué tiene de importante? —Solo ve a verlo. Confía en mí.
Jonathan no era de los que creían en señales ni destinos, pero algo en la voz de su madre lo hizo dudar. Al día siguiente, sin entender por qué, se encontró manejando hacia una casa en las afueras de la ciudad, el hogar donde su tío había vuelto después de años de ausencia.