Cyrano de Bergerac
Cyrano de Bergerac en ellos, que ni supieron
ver la galantina.
(Saca del pescante un plato, que alza al aire.)
CADETES.
¡Bravo!
(Grandes aplausos. La galantina pasa de mano en mano.)
CYRANO.—(En voz baja, a CRISTIÁN.)
He de hablarte…
RAGUENEAU.—(Cada vez más lírico.)
Y supo Venus
con sus hechizos cegarlos,
para que Diana pudiera
pasar su corzo sagrado.
(Blandiendo una pierna de venado asada.)
CYRANO.—(A CRISTIÁN, en voz baja.)
¡Una palabra tan sólo!
ROXANA.—(A los CADETES que vuelven cargados de víveres.)
En el suelo colocadlo.
(Empieza a preparar los cubiertos sobre la hierba, ayudada por dos LACAYOS imperturbables que permanecían detrás de la carroza. Pausa. A CRISTIÁN, en el momento en que CYRANO iba a llevárselo aparte.)
Y tú, ayúdanos.
(CRISTIÁN se le acerca y la ayuda. Movimiento de inquietud en CYRANO.)