Cyrano de Bergerac
Cyrano de Bergerac en mi cochero, señores:
¿no os parece bastante apto
para calentar las salsas
si así lo exigiera el caso?
CADETES.—(Rodeando la carroza.)
¡Ragueneau! —¡Ah! —¡Oh!…
(Grandes aclamaciones.)
ROXANA.—(Siguiéndolos con la mirada.)
¡Infelices!
CYRANO.—(Besándole la mano.)
¡Oh, qué ángel!
RAGUENEAU.—(En pie en el pescante, como un sacamuelas.)
¡Señores!…
CADETES.
¡Bravo!…
(Entusiasmo general.)
RAGUENEAU.—(Con afectación.)
No han visto los españoles
tanta belleza admirando,
en alas de la poesía
pasar almuerzo prosaico.
(Grandes aplausos.)
CYRANO.—(En voz baja, a CRISTIÁN.)
Oye, Cristián…
RAGUENEAU.—(Como antes.)
De tal modo la galantería es hábito