Contrato social
Contrato social Pero no sabrÃamos cerrar este prefacio sin una referencia a las crÃticas más contemporáneas recibidas por el CONTRATO SOCIAL y las ideas russonianas. Dejamos de lado, para no prolongar en exceso estas lÃneas, las crÃticas de los adversarios de la Revolución francesa que escriben bajo el impacto de ésta y se obstinan en vincular literalmente la obra de Rousseau con los avatares de la Revolución: se trata de Burke, de Bonald y de tantos otros ideólogos de la Restauración. Nos referimos a otro género de politistas que han abundado después de la segunda guerra mundial. El más renombrado ha sido el norteamericano de origen israelà J. L. Talmon, que en 1952 ha presentado su obra The Origins of totalitarian democracy suscitando el tema acariciado por algunos de trazar una lÃnea ininterrumpida que irÃa desde la Voluntad General del CONTRATO SOCIAL que significarÃa el aplastamiento de las voluntades individuales, hasta nuestros dÃas. Esta tesis ha gozado de cierta audiencia entre los partidarios de reducir la Revolución francesa a unos simples episodios sin significación social, destacando de ella tan sólo el Terror que, con evidente arbitrariedad, ponen en lÃnea por un lado con Rousseau y por otro con el «gulag» ruso que asà se ven sorpresivamente emparentados.