Contrato social
Contrato social ¿Serán acaso las pistolas —o las ametralladoras— la «última ratio»? Eso es lo que jamás admite Rousseau, y por eso, precisamente ha encontrado su teorÃa más de cuatro enemigos. La voluntad general, por imperfecta que sea, evita esa «última ratio». La soberanÃa popular es irremplazable, es el cimiento universalmente reconocido de la organización y funcionamiento de cualquier Estado; es igualmente reconocido que los hombres nacen y viven libres, que son iguales ante la ley, que sus libertades y derechos son inalienables. Ciertamente, más de dos siglos han sido necesarios para que estos principios tengan la categorÃa de valores universales, y para ello ha sido necesario superar la intoxicación que suponÃan las «legitimaciones» que trataron de arrebatar al pueblo sus poderes y al hombre sus derechos.
Y si, siguiendo el ejemplo de don Antonio Machado, hacemos nuestro el proverbio de «Nadie es más que nadie. Porque por mucho que valga un hombre nunca tendrá valor mayor que el de ser hombre», tendremos que reconocer que la voluntad general y el respeto de sus decisiones es el único camino para cumplirlo.