Ensayo sobre el origen de las lenguas
Ensayo sobre el origen de las lenguas La escritura, que al parecer debería fijar la lengua, es precisamente lo que la altera; no cambia las palabras sino el genio mismo de la lengua; remplaza la exactitud por la expresión. Uno comunica sus sentimientos cuando habla, y sus ideas cuando escribe. Al escribir se ve uno obligado a tomar todas las palabras en su sentido común; pero quien habla varía las acepciones con los tonos, las determina a placer; menos preocupado por ser claro, da más a la fuerza; y no es posible que una lengua que se escribe conserve durante mucho tiempo la vivacidad de la que sólo es hablada. Se escriben las voces y no los sonidos; ahora bien, en una lengua acentuada, son los sonidos, los acentos, las inflexiones de toda especie, los que constituyen la energía mayor del lenguaje y hacen que una frase, por lo demás común, solamente resulte adecuada por el lugar en que se halla. Los medios que se emplean para remplazar a éste extienden, prolongan la lengua escrita y, al pasar de los libros al discurso, debilitan la palabra misma[6]. Diciéndolo todo como se escribiría, lo único que se hace es leer al hablar.