Ensayo sobre el origen de las lenguas

Ensayo sobre el origen de las lenguas

XIII. De la melodía

Nadie duda de que el hombre modifica sus sentidos; pero, en vez de distinguir las modificaciones, nosotros confundimos sus causas; conferimos demasiado poco influjo a las sensaciones; no vemos cómo a menudo no nos afectan sólo como sensaciones sino como signos e imágenes, y cómo sus efectos morales también tienen causas morales. Así como los sentimientos que despierta en nosotros la pintura no provienen de los colores, el imperio que la música tiene en nuestras almas no es de ningún modo obra de los sonidos. Los colores bellos bien matizados agradan a la vista; pero ese placer es único y exclusivamente sensación. Es el dibujo, es la imitación lo que da a esos colores la vida y el alma; son las pasiones que esos colores expresan las que vienen a afectarnos. El interés y el sentimiento no dependen de los colores; los rasgos de un cuadro conmovedor nos conmueven hasta en una réplica: despojad de esos trazos al cuadro y los colores ya no dirán nada.

La melodía hace precisamente en la música lo que el dibujo en la pintura; es ella la que señala los trazos y las figuras cuyos colores son los acordes y sonidos. Pero, se dirá, la música sólo es una sucesión de sonidos. Sin duda, pero el dibujo no es también más que un concierto de colores. Un orador usa tinta para delinear sus escritos: ¿quiere decir eso que la tinta es un licor muy elocuente?


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