Ensayo sobre el origen de las lenguas
Ensayo sobre el origen de las lenguas Sólo admitieron como consonancias las que nosotros denominamos consonancias perfectas; excluyeron de ese número las tercias y sextas. ¿Por qué? Como el intervalo del tono menor era ignorado por ellos o, al menos, proscrito de la práctica, y como sus consonancias no estaban templadas en lo absoluto, todas sus terceras mayores eran más fuertes que una coma (mus), sus terceras menores otro tanto más débiles, y en consecuencia sus sextas mayores y menores se veÃan alteradas recÃprocamente del mismo modo. ImagÃnese ahora qué nociones de armonÃa se pueden tener y qué modos armónicos se pueden establecer desterrando las tercias y las sextas del número de consonancias. Si las consonancias mismas que admitÃan les hubiesen sido conocidas por un sentimiento genuino de la armonÃa, las habrÃan dado por supuestas al menos en sus cantos, y la consonancia tácita de las escalas fundamentales hubiese prestado su nombre a las marchas diatómicas que aquéllas sugerÃan. Lejos de tener menos consonancias que nosotros, habrÃan tenido más; y, preocupados por ejemplo por la base do-sol, hubiesen dado el nombre de consonancias a la segunda do-re.