La desigualdad entre los hombres
La desigualdad entre los hombres Yo sé que otros han atribuido diferentes orÃgenes a las sociedades polÃticas, como las conquistas del más fuerte o la unión de los débiles; pero la elección entre estas causas es indiferente para lo que quiero dejar asentado. Sin embargo, la que yo he expuesto me parece la más natural por las siguientes razones: Primera: Que, en el primer caso, el derecho de conquista, no siendo un derecho, no ha podido servir de fundamento a otro alguno, pues el conquistador y los pueblos sometidos permanecÃan siempre en estado de guerra, a menos que la nación, recobrada su plena libertad, no escogiera voluntariamente a su vencedor por su jefe; hasta entonces, sean cualesquiera las capitulaciones que se hubiesen hecho, como sólo descansan sobre la violencia y, por consiguiente, son nulas por ese mismo hecho, no puede haber, en esta hipótesis, ni verdadera sociedad, ni cuerpo polÃtico, ni otra ley que la del más fuerte. Segunda: Que las palabras fuerte y débil son equÃvocas en el segundo caso; que en el intervalo entre el establecimiento del derecho de propiedad o del primer ocupante y la constitución de gobiernos polÃticos, el sentido de esos términos es mejor expresado por los de pobre y rico, porque, en efecto, un hombre no tenÃa antes de la implantación de las leyes otro medio de someter a sus iguales que el de atacar a sus bienes o el de darle parte de los suyos. Tercera: Que, no teniendo los pobres otra cosa que perder sino su libertad, hubieran cometido una gran locura privándose voluntariamente del único bien que les quedaba para no ganar nada en el cambio; que, al contrario, sensibles los ricos, por asà decir, en todas las partes de sus bienes, era mucho más fácil hacerles daño, por lo cual tenÃan que tomar muchas más precauciones para protegerse; y que, por último, es razonable creer que una cosa ha sido inventada más bien por aquellos a quienes beneficia que por los que con ella salen perjudicados.