Juliette o Las prosperidades del vicio
Juliette o Las prosperidades del vicio ¡Oh cielos! —me digo, en cuanto, de nuevo en mi voluptuoso cuarto, miro la feliz situación de que iba a gozar, la inmensa renta de la que serÃa dueña—, ¡oh cielos!, ¡qué vida voy a llevar! Fortuna, suerte, Dios, agente universal, quienquiera que seas, si es asà como tratas a los que se entregan a los delitos, ¿cómo no voy a seguir esta carrera? ¡Ah!, está decidido, nunca seguiré otra. ExtravÃos divinos que se atreven a llamar crÃmenes, en adelante seréis mis únicos dioses, mis únicos principios y mis leyes; ¡sólo a vosotros querré en el mundo!
Mis criadas me esperaban para darme un baño. Pasé en él dos horas, otras tantas para mi arreglo, y fresca como una rosa aparecà en la cena del ministro, más hermosa, según me aseguraron, que el mismo astro del que me habÃan privado los infames zorros durante dos dÃas.
