Juliette o Las prosperidades del vicio
Juliette o Las prosperidades del vicio —Está claro; la condesa ignora que si pierde a su hijo, aunque yo sea su pariente muy lejano, seré su único heredero: en un mes, ya no existirá la puta; y cuando haya fornicado bien al señor, su querido hijo, esta noche, le haremos tomar una taza de chocolate mañana por la mañana que desviará pronto a mi favor la herencia que le corresponderÃa.
—¡Qué complicación de crÃmenes!
—¡Ya ves que hay con qué hacerme entrar bien cómodamente en el seno de las moléculas malignas!
—¡Oh!, ¡sois un hombre increÃble! ¿Y la cosa vale al menos la pena?
—Quinientas mil libras de renta, Juliette, ¡y las gano con veinte céntimos de arsénico! ¡Vamos, joder!, ¿ves? —prosiguió poniéndome la mano en su miembro muy duro y muy firme—, ¿ves la fuerza de una idea criminal sobre mis sentidos?, no habré fracasado nunca con una mujer si estoy seguro de matarla después.