Juliette o Las prosperidades del vicio
Juliette o Las prosperidades del vicio Ya es hora, amigos mÃos, de que os hable un poco de mÃ, sobre todo de que os pinte mi lujo, fruto de los más terribles excesos, para que podáis compararlo con el estado de infortunio en que se encontraba mi hermana por habérsele ocurrido ser honesta. Sacaréis de esta comparación las consecuencias que os sugiera vuestra filosofÃa.
El tren de vida de mi casa era fantástico. Podéis figurároslo dados todos los gastos que estaba obligada a hacer para mi amante. Pero, dejando aparte la multitud de cosas exigidas por sus placeres, me quedaba para mà un hotel soberbio en ParÃs, un delicioso terreno más allá de Sceaux, una casita de lo más voluptuoso en la Barrière-Blanche, doce lesbianas, cuatro criadas, una lectora, dos guardianas, tres carrozas, diez caballos, cuatro ayudas de cámara elegidos por la superioridad de sus miembros, los atributos de una enorme casa y, para mà sola, más de dos millones de renta al año, con la casa pagada.
¿Queréis ahora que os pinte mi vida?