Juliette o Las prosperidades del vicio
Juliette o Las prosperidades del vicio —Menea…, menea… —le digo chupando su boca—, estoy en una prodigiosa agitación esta mañana; dame tu coño, que yo lo excite también, y ahoguémonos en chorros de semen.
—¿Pero qué es lo que la señora acaba de hacer?
—Horrores…, atrocidades, y el esperma corre muy deliciosamente cuando sus chorros se lanzan en el seno de la abominación. Por lo tanto, Elvire, menéame, es preciso que descargue.
Se desliza entre mis piernas, me chupa…
—¡Oh, joder! —le grité—, tienes razón: ves que necesito grandes medios, y los utilizas…
E inundo sus labios.