La FilosofÃa en el tocador
La FilosofÃa en el tocador SRA. DE SAINT–ANGE: Tragará…, tragará…, respondo de ella; y además, si por niñerÃa… o por no sé qué otro motivo… descuidara los deberes que aquà le impone la lubricidad…
DOLMANCÉ, muy animado: ¡No la perdonarÃa, señora, no la perdonarÃa!… ¡Un castigo ejemplar…, os juro que serÃa azotada…, que serÃa azotada hasta la sangre!… ¡Ay, rediós!… Descargo… ¡Mi leche corre!… ¡Traga!… ¡Traga, Eugenia, que no se pierda ni una sola gota!… Y vos, señora, ocupaos de mi culo, que a vos se ofrece… ¿No veis cómo está entreabierto mi jodido culo? ¿No veis cómo apela a vuestros dedos?… ¡Hostias! Mi éxtasis es completo… ¡Los hundÃs hasta la muñeca!… ¡Ah, calmémonos, no puedo más…, esta encantadora niña me ha chupado como un ángel!…
EUGENIA: Querido y adorable preceptor, no he perdido ni una sola gota. Bésame, amor, tu leche está ahora en el fondo de mis entrañas.
DOLMANCÉ: Es deliciosa… ¡Y cómo ha descargado la pequeña bribona!…
SRA. DE SAINT–ANGE: ¡Está inundada! ¡Oh, cielos! ¿Qué oigo?… Llaman: ¿quién puede venir a molestarnos de este modo?… Es mi hermano… ¡Imprudente!…
EUGENIA: Pero, querida, ¡esto es una traición!