La FilosofĂa en el tocador
La FilosofĂa en el tocador EUGENIA, masturbándose: ¡Ay, santo Dios! ¡Me volvĂ©is loca!… ¡AquĂ tenĂ©is el efecto de vuestras jodidas palabras!…
DOLMANCÉ: ¡Ayuda, señora, ayuda! ¿Dejaremos correrse a esta hermosa niña sin ayudarla?…
SRA. DE SAINT–ANGE: ¡Oh! ¡SerĂa injusto! (Tomándola en sus brazos). ¡Adorable criatura, nunca he visto una sensibilidad como la tuya, nunca una cabeza tan deliciosa!…
DOLMANCÉ: Ocupaos de la parte delantera, señora; con mi lengua voy a lamer el lindo agujerito de su culo, mientras doy leves cachetadas en las nalgas; tiene que correrse entre nuestras manos por lo menos siete u ocho veces de esta forma.
EUGENIA, extraviada: ¡Ay! ¡Joder! ¡No será difĂcil!
DOLMANCÉ: Por la postura en que estamos, señoras mĂas, observo que podrĂais chuparme la polla por turno; asĂ excitado, procederĂa con mayor energĂa a los placeres de nuestra encantadora alumna.
EUGENIA: Querida, te disputo el honor de chupar esta hermosa polla. (La empuña).
DOLMANCÉ: ¡Ay! ¡Qué delicias!… ¡Qué calor voluptuoso!… Pero, Eugenia, ¿os portaréis bien en el momento de la crisis?