La Filosofía en el tocador
La Filosofía en el tocador EL CABALLERO: Dolmancé, hermana mía, acaba de cumplir los treinta y seis años; es alto, de rostro muy hermoso, de ojos muy vivos y muy espirituales, pero una cosa algo dura y un poco malvada se pinta a pesar suyo en sus rasgos; tiene los más hermosos dientes del mundo, un poco de molicie en el talle y en el porte, sin duda por la costumbre que tiene de adoptar tan a menudo ademanes femeninos; es de una elegancia extremada, tiene hermosa la voz, talento, y, sobre todo, mucha filosofía en el espíritu.
SRA. DE SAINT–ANGE: Espero que no crea en Dios…
EL CABALLERO: ¡Ah! ¿Cómo dices eso? Es el ateo más célebre, el hombre más inmoral… ¡Oh, es la corrupción más completa y entera, el individuo más malvado y perverso que pueda existir en el mundo!
SRA. DE SAINT–ANGE: ¡Cómo me enardece todo eso! ¡Voy a enloquecer por ese hombre! ¿Y sus gustos, hermano mío?