Los Crímenes del amor
Los Crímenes del amor Hubo, pues, novelas escritas en todas las lenguas, en todas las naciones, cuyo estilo y hechos se calcaron tanto sobre las costumbres nacionales como sobre las opiniones admitidas por esas naciones.
El hombre está sujeto a dos debilidades que afectan a su existencia, que la caracterizan. Por todas partes es menester que suplique, por todas partes es menester que ame: he ahí la base de todas las novelas; las ha hecho para pintar a los seres a los que imploraba, las ha hecho para celebrar a aquellos que amaba. Las primeras, dictadas por el terror o la esperanza, debieron de ser sombrías, gigantescas, llenas de mentiras y ficciones: tales son las que Esdrás[16] compuso durante el cautiverio de Babilonia. Las segundas, llenas de delicadeza y sentimientos: tal es la de Teágenes y Cariclea de Heliodoro[17]; pero como el hombre suplicó, como amó por todas partes, en todos los puntos del globo que habitó, hubo novelas, es decir, obras de ficción que tan pronto pintaron los objetos fabulosos de su culto como los más reales de su amor.
No hay, por tanto, que aplicarse a buscar la fuente de este género de escribir en tal o cual nación de modo preferente; por lo que acabamos de decir, hay que convencerse de que todas lo han empleado más o menos en razón de la mayor o menor inclinación que han experimentado, bien hacia el amor, bien hacia la superstición.