Los Crímenes del amor
Los Crímenes del amor Una exactitud demasiado escrupulosa en seguir la historia no habría añadido ningún tipo de interés a esta novela; ha sido preciso apartarse de ella para privar a este relato, que pertenece más a la ficción que a la realidad, del aire de matanza y carnicería que hay en nuestros historiadores. Hemos creado, por lo tanto, los personajes de Juliette, de Castelnau y de Raunai; igual que el gesto del duque de Guise. Raunai y Castelnau existen también en la historia; ambos perecieron en los cadalsos de Amboise, y no actuaron como los presentamos, a excepción, sin embargo, de Castelnau, cuyo interrogatorio novelesco se parece bastante al histórico. Hemos hablado muy poco del príncipe de Condé, porque actuó poco en Amboise; es demasiado grande, o absolutamente inactivo; demasiado grande, habría aplastado a Castelnau y a Raunai, sobre quienes queríamos centrar el interés; inactivo, no habría hecho sino enfriar una anécdota… la más ingrata de nuestros anales, impidiendo que de ella resultase una acción enérgica y dramática como debe serlo la de una novela histórica.