Los CrÃmenes del amor
Los CrÃmenes del amor Examinaba, por el contrario, el impulso que le arrastraba hacia la interesante Dolsé, no encontraba en él más que una ternura pura, desprovista de cualquier otro motivo. En una palabra, quizá hubiera deseado que le creyeran amante de Nelmours; pero sólo de Dolsé querÃa convertirse en esposo.
Sin embargo, demasiado engañado ya por las apariencias de las mujeres, totalmente seguro, por desgracia, de que apenas se las conocÃa mejor poseyéndolas, desconfiando de sus ojos, no creyendo ya a su corazón, remitiéndose sólo a su cabeza, el duque quiso sondear el carácter de aquellas dos mujeres y decidirse únicamente, como hemos dicho, por aquella de quien le fuera imposible dudar.
A raÃz de estos proyectos, Ceilcour se declara primero a Dolsé; la veÃa con frecuencia en casa de una mujer donde ella cenaba tres veces por semana. Esta joven viuda le escuchó primero con sorpresa, y pronto con interés; independientemente de sus riquezas…, tÃtulo fútil a ojos de una mujer como la baronesa, Ceilcour tenÃa tantos atractivos y gentileza de ingenio, un rostro tan delicioso, unas gracias tan conmovedoras… tanta seducción en los modales que difÃcilmente una mujer podÃa resistÃrsele mucho tiempo.