Los CrÃmenes del amor
Los CrÃmenes del amor Granwel —Del que me desharé como de muchos otros… Gave, levántate y sigue a ese ángel… Realmente, me ha causado una impresión… SÃguela, Gave, trata de saber cuanto puedas sobre ella… pon espÃas tras sus pasos… ¿Tienes dinero, Gave? ¿Tienes dinero?… Ahà van cien guineas. Ojalá mañana no quede ni una y sepa yo todo… ¿Enamorado yo? Wilson, ¿qué dices?… Sin embargo, es cierto que al ver a esa muchacha he sentido un presentimiento… Sir Jacques, esa criatura celestial tendrá mi fortuna… o mi vida.
Sir Jacques. —La fortuna, sea, pero la vida… no creo que seas capaz de morir por una mujer.
Granwel —No…
Y milord, al pronunciar esta palabra, se estremeció involuntariamente… Luego, prosiguiendo:
—Sólo es una forma de hablar, amigo mÃo: por esos animalitos no se muere uno. Pero, es cierto, ¡hay algunos que mueven el alma de los hombres de una forma tan extraordinaria!… ¡Eh, mozo!, que me traigan vino de Borgoña. Mi cabeza se calienta, y sólo la calmo con ese vino.
Wilson. —¿Será verdad, milord, que te sientes capaz de cometer la locura de perturbar los amores de ese pobre Williams?