Los Crímenes del amor
Los Crímenes del amor Así pues, encontrándose el duque de Guise y el Condestable dispuestos a luchar por el crédito y la consideración, desearon, antes de emplear sus fuerzas, apuntalarlas mediante alianzas que las consolidasen. Desde el fondo de su prisión y actuando con estas miras, el Condestable había casado a Damville, su segundo hijo, con Antoinette de la Mark, nieta de la célebre Diana de Poitiers[54], en ese entonces duquesa de Valentinois, que lo dirigía todo en la corte de Enrique, su amante.
Por su parte, los Guise concluyeron con igual propósito el matrimonio de Carlos III, duque de Lorena, y jefe de su casa, con Madame Claude, segunda hija del rey[6][55].
Enrique II deseaba la paz con tanto ardor por lo menos como el rey de España. Príncipe suntuoso y galante, hastiado de guerras, temeroso de los Guise, deseoso de recuperar al Condestable, al que quería tiernamente, y de trocar, por fin, los laureles inciertos de Marte por las guirnaldas de mirtos y rosas con que le gustaba coronar a Diana, puso todo en marcha para acelerar las negociaciones: fueron concluidas.