Los Crímenes del amor
Los Crímenes del amor Antonio de Bourbon, rey de Navarre[56], había podido enviar, en su nombre, ministros al congreso; los que había diputado se habían visto obligados, para ser oídos, a encargarse de las comisiones del rey de Francia; Antonio no se consolaba de esa afrenta: era el Condestable quien había hecho la paz, entraba triunfante en la corte, iba a ella con la intención de tomar de nuevo las riendas del gobierno; los Guise le acusaban de haber acelerado unas negociaciones que, cierto, rompían sus cadenas, pero que estaban muy lejos de ofrecer a Francia motivos para congratularse: éstos eran los principales personajes de la escena, éstas eran las razones secretas que, animando a unos y otros, encendían sordamente la chispa de odios que iban a producir las horribles catástrofes de Amboise.