Los CrÃmenes del amor
Los CrÃmenes del amor Rodrigo es finalmente abatido, su valeroso enemigo le hace morder el polvo y, lanzándose inmediatamente hacia él:
—Reconoce a tu vencedor antes de expirar, Rodrigo —dice el guerrero quitándose el casco.
—¡Oh, cielo!… —dice el español.
—¿Tiemblas, cobarde? ¿No te habÃa dicho que volverÃas a ver a Florinda en el último instante de tu vida? El cielo, ofendido por tus crÃmenes, permitió que yo saliese del seno de los muertos para venir a castigarte por ellos y poner fin a tus dÃas. Aquà tienes a la que robaste el honor, mÃrala mancillar tu gloria y tus laureles; ¡expira, oh prÃncipe en exceso desdichado! Que tu ejemplo enseñe a los reyes de la tierra que la virtud es lo único que consolida su poder, y que quien abusa de su autoridad, como tú, antes o después encuentra, en la justicia del cielo, el castigo de sus infamias.
Los españoles huyen, los moros se apoderan de todas las plazas; y ésa es la época que les hizo dueños de España, hasta que una nueva revolución, provocada por un crimen semejante, vino a echarlos de allà para siempre.