Los Crímenes del amor
Los Crímenes del amor A estos testimonios satisfactorios unió el consejo de un edicto que tolerase la libertad de conciencia; aseguró que sería el único medio de calmarlo todo. Tal opinión fue aceptada; el edicto se publicó; otorgaba una amnistía general a todos los Reformados, exceptuando aquellos que, so pretexto de religión, conspiraran contra el gobierno.
Pero todo esto llegaba demasiado tarde. Desde el 11 de marzo, los protestantes estaban reunidos a muy poca distancia de Blois. Al no encontrar ya la corte donde la creían, comprendieron fácilmente que habían sido traicionados. Sin embargo, los preparativos estaban hechos; al no considerar apropiado hacer retroceder a los distintos cuerpos esperados, no quisieron admitir más demoras en la empresa que los pocos días necesarios para acercarse a Amboise y reconocer los alrededores. Condé acababa de llegar a esta ciudad; al entrar en ella le había sido fácil ver que se sospechaba vivamente de él; creyó encubrirse con palabras que a nadie engañaron. Fingió parecer más interesado que nadie en la extinción de los protestantes, y con esta argucia poco natural no satisfizo en absoluto al partido del rey y se hizo sospechoso al suyo.