Los Crímenes del amor
Los Crímenes del amor Sus primeros pasos fueron apoderarse de todas las cartas que Monrevel podía escribir al ejército de Carlos y retenerlas en su casa, excitar su amor, dejarle una especie de esperanza lejana que, constantemente obstaculizada, le cautivase al tiempo que lo afligía; aprovecharse luego de la situación en que iba a colocar su alma para disponerle poco a poco en su favor, imaginando, como mujer astuta, que el despecho le procuraría lo que no podía conseguir el amor.