Los CrÃmenes del amor
Los CrÃmenes del amor En un siglo en que los libros más peligrosos están en manos de los niños, asà como en las de sus padres y maestros, en que la temeridad del sistema pasa por filosofÃa, la incredulidad por fuerza y el libertinaje por imaginación, se reÃan del ingenio del joven Franval, un instante después tal vez le reñÃan, pero después lo alababan. El padre de Franval, gran partidario de los sofismas de moda, era el primero en animar a su hijo a pensar sólidamente sobre todas estas materias; él mismo le prestaba las obras que podÃan corromperle más deprisa; ¿qué maestro se hubiera atrevido, después de eso, a inculcar principios distintos de los de la casa donde estaba obligado a complacer?
En cualquier caso, Franval perdió a sus padres muy joven, y a la edad de diecinueve años un viejo tÃo, que a su vez murió poco después, le entregó, al casarle, todos los bienes que habrÃan de pertenecerle un dÃa.