Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro Al desmontar frente a la puerta lateral tuvo un vistazo fugaz de una mujer enjuta y entrada en años que lo espiaba detrás de la cortina de una de las ventanas superiores. Era claro que aquélla era su tÃa por adopción.
Durante la copiosa comida del mediodÃa que lo aguardaba lista, Stoner tuvo tiempo para reflexionar sobre las posibilidades de su extraordinaria situación. El verdadero Tom, tras cuatro años de ausencia, podrÃa aparecerse de improviso por la granja, o en cualquier momento podrÃa llegar una carta suya. Además, en su calidad de heredero de la granja, el falso Tom podrÃa ser llamado a firmar algún documento, cosa que lo pondrÃa en un atolladero. O podrÃa llegar algún pariente que no imitara la actitud retraÃda de la tÃa. Cualquiera de estas cosas lo desenmascararÃa ignominiosamente. Por otro lado, la alternativa eran el cielo abierto y las trochas pantanosas que conducÃan al mar. La granja le ofrecÃa, en todo caso, un refugio pasajero contra la miseria total; la agricultura era una de las muchas cosas que habÃa «ensayado», asà que estarÃa en capacidad de realizar ciertas faenas a cambio de esa hospitalidad a la que no tenÃa gran derecho.
—¿Desea pernil frÃo para la cena —le preguntó la criada de rostro adusto mientras quitaba la mesa—, o prefiere que se lo calienten?
—Caliente y con cebollas —dijo Stoner.