Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro «¡Hablando de mendigos a caballo…!», pensó Stoner mientras trotaba con rapidez por las empantanadas trochas que la víspera había recorrido en calidad de astroso vagabundo; y, desechando con indolencia estas meditaciones, se entregó al placer de andar a paso largo y sentado por la orilla enyerbada de un trecho plano del camino. Frente a un portillo abierto cedió el paso a dos carretas que entraban a un sembrado. Los muchachos que manejaban las carretas tuvieron tiempo de dirigirle una larga mirada; y al pasar alcanzó a oír una voz excitada que decía: «¡Es Tom Prike! ¡Lo reconocí ahí mismo! Conque otra vez asomando la cara por aquí, ¿no?».
Era evidente que el parecido que había engañado de cerca a un viejo decrépito servía también para confundir desde cierta distancia a dos muchachos.
En el transcurso de la cabalgata recibió abundantes pruebas que confirmaban la afirmación de que los vecinos no habían olvidado ni perdonado el pasado delito que el Tom ausente le había dejado por herencia. Torvas miradas, rezongos y codazos disimulados lo saludaban al toparse con la gente. El cachorro de Bowker, que trotaba feliz al lado suyo, parecía ser la única nota de amistad en ese mundo hostil.