Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro En una noche despejada y frÃa, pocos dÃas después de las fiestas de Navidad, Stoner se encontraba en un rincón del huerto que dominaba una espaciosa vista de la campiña. Aquà y allá podÃa divisar los destellos de lámparas y velas que revelaban la existencia de moradas humanas en las que imperaban la buena voluntad y el regocijo de la época. Tras él estaba la triste y silenciosa casa donde nadie reÃa, donde hasta una riña habrÃa parecido un acontecimiento alegre. Cuando volvió la cabeza para mirar la larga y gris fachada del edificio envuelto en las penumbras, una puerta se abrió y el viejo George salió precipitadamente. Stoner oyó que llamaba su nombre adoptivo en un tono de urgente ansiedad. Supo al instante que algo adverso habÃa ocurrido, y en una rápida inversión de perspectivas aquel refugio le pareció un lugar de paz y de contento, de donde temÃa que fueran a expulsarlo.
—Amo Tom —dijo el viejo en un ronco susurro—, tiene que perderse de aquà sin hacer bulla, por unos cuantos dÃas. Michael Ley volvió al pueblo y jura que le va a dar un tiro si puede dar con usted. Y de veras es capaz; tiene mirada de asesino. Lárguese al amparo de la noche. Es sólo por una semana o algo asÃ; el no va a estar más tiempo por acá.
—Pero ¿adonde voy a ir? —balbució Stoner, que se habÃa contagiado del patente terror del viejo.