Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro —¡Cómo no! La maldad fue toda mÃa —admitió Laura desapasionadamente—. Él ha sido tan sólo una circunstancia atenuante. Por ejemplo, el otro dÃa armó un alborotico de malas pulgas cuando saqué a pasear los cachorros collies de la granja.
—Persiguieron las pollitas Sussex saraviadas y espantaron a dos gallinas cluecas de los nidos, fuera de que pisotearon los cuadros de flores. Y tú sabes cuánta dedicación les pone a sus aves de corral y a su jardÃn.
—De todas maneras no habÃa necesidad de que remachara toda la bendita tarde al respecto, ni de que dijera «No se hable más de eso» cuando yo ya empezaba a sacarle gusto a la discusión. Ahà fue cuando salà con una de mis venganzas mezquinas —agregó Laura con una risita impenitente—: al otro dÃa del episodio solté en sus semilleros a la familia entera de las saraviadas.
—¡Cómo pudiste hacerlo! —exclamó Amanda.
—Resultó muy fácil —dijo Laura—. Dos gallinas se hicieron las que estaban poniendo, pero yo me mostré firme.
—¡Y nosotros creyendo que fue un accidente!