Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro —Bastante divertido, si la mitad del vecindario está mirando; y en todo caso no es peor que este asunto de morir poco a poco entre sábado y martes. Además, después pasarÃa a ser otra cosa. Si hubiera sido una nutria regularmente buena, supongo que recobrarÃa alguna forma humana; probablemente algo más bien primitivo… la de un morenito egipcio casi en cueros, me figuro.
—Ojalá te pusieras seria —suspiró Amanda—. De veras deberÃas hacerlo, si es que sólo vas a vivir hasta el martes.
En realidad, Laura murió el lunes.
—¡Qué terrible trastorno! —se quejó Amanda a su tÃo polÃtico, sir Lulworth Quayne—. Tengo invitadas un montón de personas a pescar y jugar golf, y los rododendros están precisamente en su mejor momento.
—Laura fue siempre una desconsiderada —dijo sir Lulworth—. Nació en plena temporada ecuestre, con un embajador que odiaba los bebés hospedado en la casa.
—Se le ocurrÃan las cosas más disparatadas —dijo Amanda—. ¿Sabes de casos de locura en su familia?
—¿Locura? No. Que yo sepa, nunca. Su padre vive en West Kensington, pero creo que es cuerdo en todo lo demás.
—Ella tenÃa la idea de que iba a reencarnar en una nutria —dijo Amanda.