Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro —Uno se topa estas ideas sobre la reencarnación con tanta frecuencia, incluso en Occidente —dijo sir Lulworth—, que no se atreverÃa a afirmar que son disparatadas. Y Laura fue una persona tan impredecible en esta vida, que no me gustarÃa sentar reglas precisas sobre lo que podrÃa estar haciendo en un estado ulterior.
—¿Crees que de veras puede haber pasado a ser un animal? —preguntó Amanda, que era una de esas personas bastante prontas a moldear sus opiniones a partir de los puntos de vista de quienes la rodeaban.
Justo en ese momento Egbert entró al comedor matinal, con un aire luctuoso que el deceso de Laura no alcanzarÃa a explicar por sà solo.
—¡Mataron a cuatro de mis Sussex saraviadas! —exclamó—. Las mismÃsimas cuatro que iban para la exhibición del viernes. A una la arrastraron y se la comieron precisamente en la mitad del nuevo cuadro de claveles en el que puse tanto empeño y dinero. ¡Mis mejores gallinas y mis mejores flores, escogidas para la destrucción! Casi parece que el animal culpable de ese acto supiera cómo hacer el máximo de daño en el mÃnimo de tiempo.
—¿Crees que fue una zorra? —preguntó Amanda.
—Más parece cosa de un hurón —dijo sir Lulworth.