Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro —No —dijo Egbert—; habÃa huellas de patas palmeadas por todas partes, y seguimos el rastro hasta el arroyo al fondo del jardÃn: una nutria, evidentemente.
Amanda le lanzó una mirada de reojo a sir Lulworth.
Egbert estaba demasiado agitado para desayunar, y se marchó a supervisar el refuerzo de las defensas de los gallineros.
—Por lo menos deberÃa haber esperado a que terminaran los funerales —dijo Amanda, con voz indignada.
—Comprende que se trata de sus propios funerales —dijo sir Lulworth—. Es un sutil punto de etiqueta determinar hasta dónde debe uno mostrar respeto por sus propios restos mortales.
Al dÃa siguiente, el irrespeto a las convenciones mortuorias fue llevado más lejos. Durante la ausencia de la familia en las exequias ocurrió la masacre de las restantes Sussex saraviadas. La lÃnea de retirada del merodeador parecÃa haber cubierto la mayorÃa de los cuadros de flores en el prado, pero las eras de fresas en la parte de abajo del jardÃn también se habÃan visto afectadas.
—Voy a hacer que traigan a los perros tan pronto como sea posible —dijo Egbert, ferozmente.
—¡De ninguna manera! ¡Ni se te ocurra hacerlo! —exclamó Amanda—. Quiero decir, no serÃa bien visto, tan enseguida de un luto en la casa.