Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro —De todos modos me estoy muriendo —dijo aquella voz—; y deseo escuchar la música que hacen. Han venido de todas partes a cantar la música funeral de mi familia. Es bello que hayan venido. Soy la última Cernogratz que morirá en nuestro viejo castillo y ellos han venido a cantarme. ¡Escuche qué tan recio llaman!
El grito de los lobos se elevaba en el aire estancado del invierno y flotaba alrededor de las murallas con lamentos sostenidos y desgarradores. La anciana descansaba en el lecho, el rostro iluminado por una mirada de felicidad por mucho tiempo postergada.
—Váyase —le dijo a la baronesa—. Ya no estoy sola. Soy parte de una antigua y noble familia…
—Creo que está agonizando —dijo la baronesa cuando volvió a reunirse con sus huéspedes—. Creo que lo mejor serÃa mandar por un doctor. ¡Y esos horribles aullidos! ¡Ni por mucho dinero me dejarÃa cantar esa música fúnebre!
—Esa música no se compra con ninguna cantidad de dinero —dijo Conrad.
—¡Escuchen! ¿Qué es ese otro sonido? —preguntó el barón cuando se oyó el ruido de algo que se partÃa y desplomaba.
Era un árbol que caÃa en el parque.
Hubo un momento de silencio forzado, hasta que habló la esposa del banquero.