Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro Tras las ventanas del comedor arrancaba un declive triangular y cubierto de pasto que la gente indulgente llamarÃa «prado»; y al otro extremo, tras un seto de fucsias, una falda más empinada y llena de brezos y helechos descendÃa hasta unas cavernosas cañadas donde cundÃan los robles y los tejos. En aquel territorio agreste y despejado parecÃa latir una secreta alianza entre la alegrÃa de vivir y el terror de cosas nunca vistas. Sylvia esbozó una sonrisa complaciente al contemplar el paisaje con una apreciación de escuela de artes; pero de pronto tuvo que reprimir un escalofrÃo.
—Es muy agreste —le dijo a Mortimer, que se le habÃa unido—. Casi podrÃa pensarse que en un lugar asà el culto a Pan no se habrÃa extinguido por completo.
—El culto a Pan nunca se ha extinguido —dijo Mortimer—. Otros dioses más nuevos han apartado de tiempo en tiempo a sus devotos, pero él es el dios de la naturaleza, a quien por fin todos habrán de regresar. Ha sido llamado «Padre de todos los dioses», pero la mayorÃa de sus hijos han nacido muertos.
Sylvia era religiosa de una manera honesta y vagamente piadosa; no le gustaba oÃr hablar de sus creencias como si fueran meras coletillas, pero al menos era una prometedora novedad oÃr hablar de cualquier tema al Muerto Mortimer con tanta energÃa y convicción.