Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro —Jamás conseguirás que Mortimer vaya —le habĂa dicho la suegra en tono capcioso—; pero si va una vez, allá se queda. Yessney ejerce sobre Ă©l un hechizo casi tan fuerte como el de la ciudad. Una puede entender quĂ© lo ata a la ciudad; pero Yessney…
Y la viuda se habĂa encogido de hombros.
En la naturaleza que rodeaba a Yessney habĂa algo sombrĂo, algo casi salvaje que de seguro no serĂa atractivo para un gusto citadino; y Sylvia, a pesar de su nombre, no estaba acostumbrada a nada más silvestre que el «frondoso Kensington». Consideraba que el campo era Ăłptimo y saludable a su manera, pero propenso a volverse fastidioso si se le daba demasiada cuerda. La desconfianza de la vida urbana era algo nuevo en ella, nacida de su matrimonio con Mortimer; y habĂa contemplado satisfecha el paulatino apagamiento de lo que ella llamaba «la mirada de la calle Jermyn» en los ojos de Ă©l, a medida que los bosques y brezales de Yessney los fueron envolviendo aquella vĂspera. Su fuerza de voluntad y su estrategia habĂan prevalecido: Mortimer iba a quedarse allĂ.