Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro Sintió que la vileza de aquel deseo la invadió, junto con un remordimiento de conciencia, un día en que entró a la cocina y descubrió que las cosas no marchaban como de costumbre en aquel sitio de constante ajetreo. La vieja Martha no estaba trabajando. A sus pies había una canasta de maíz, y en el corral los pollos empezaban a piar en protesta por haberse pasado la hora de la alimentación. Pero Martha estaba acurrucada en el asiento de la ventana, mirando afuera con sus ojos opacos como si divisara algo más raro que el paisaje otoñal.
—¿Pasa algo, Martha? —preguntó la joven esposa.
—Es la muerte, es la muerte que viene —respondió la voz cascada—. Ya sabía que venía, ya lo sabía yo. Por algo el viejo Shep estuvo aullando toda la mañana. Y anoche oí cuando la lechuza cantó el grito de la muerte; y una cosa blanca pasó corriendo por el patio ayer. No era ni un gato ni una comadreja, era una cosa… Las gallinas supieron que era algo y se corrieron todas para un lado. ¡Ay!, esos son avisos. Yo ya sabía que venía.