Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro Tras la desaparición de su excesivamente aventajado alumno, Cornelius Appin se vio envuelto en un huracán de amargos reproches, ansiosas preguntas y temerosas súplicas. La responsabilidad de la situación recaÃa en él, y tenÃa que impedir que las cosas empeoraran. La primera pregunta que hubo de responder era si Tobermory podÃa impartir su peligroso don a otros gatos. Contestó que era posible que hubiera iniciado en el nuevo talento a su amiga Ãntima, la gatica de las caballerizas, pero que no era probable que hubiera llevado a un campo más amplio esta instrucción.
—Entonces —dijo la señora Cornett—, por más que Tobermory sea un gato muy valioso y una gran mascota, creo que estarás de acuerdo, Adelaide, en que tanto a él como a la gata de las caballerizas hay que hacerlos desaparecer sin demora.
—No creerás que he disfrutado el último cuarto de hora, ¿verdad? —dijo lady Blemley, en tono rencoroso—. Mi marido y yo le tenemos mucho cariño a Tobermory… o por lo menos se lo tenÃamos hasta que le inculcaron ese horrible talento. Pero ahora, por supuesto, no hay más remedio que hacer que lo eliminen tan pronto como sea posible.