Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro El desayuno fue, si cabe, un espectáculo más desagradable que la cena. Pero, antes de terminar, la situación se alivió un poco. Trajeron el cadáver de Tobermory, que un jardinero habÃa encontrado bajo unos arbustos. Por las mordeduras que tenÃa en el cuello y los pelos amarillos enredados en las uñas, era evidente que habÃa entrado en desigual combate con el gran gato de la rectorÃa.
Hacia el mediodÃa la mayor parte de los invitados se habÃa marchado de Las Torres; y después de almuerzo ya lady Blemley habÃa recobrado el suficiente ánimo para escribir una carta extremadamente destemplada a la rectorÃa por la muerte de su apreciada mascota.
Tobermory habÃa sido el único discÃpulo exitoso de Appin y estaba destinado a no tener sucesor. A las pocas semanas, en el jardÃn zoológico de Dresde, un elefante que hasta entonces no habÃa dado muestras de irritabilidad, se soltó y mató a un inglés que al parecer habÃa estado molestándolo. El apellido de la vÃctima apareció en los periódicos con las diversas ortografÃas de Oppin y Eppelin, pero su nombre de pila fue reproducido fielmente como Cornelius.
—Si le estaba enseñando los verbos irregulares alemanes al pobre animal —dijo Clovis—, tuvo su merecido.