Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro —Voy a la biblioteca pública para que llamen a la policÃa —anunció Adela; y, rabiando sonoramente, se marchó.
Minutos después el buey, acaso entrando en la sospecha de que en algún establo bien abastecido lo esperaban tortas de lino y forraje picado, salió con bastante cuidado de la sala, dirigió una mirada grave e inquisitiva al humano que habÃa dejado de molestarlo y lanzarle varitas, y a un trote pesado pero rápido abandonó el jardÃn. Eshley guardó los utensilios y siguió el ejemplo del animal. Y la quinta Larkdene, quedó en manos de la neuralgia y de la cocinera.
El episodio marcó el momento crucial de la carrera artÃstica de Eshley. Su notable pintura Buey en una salita matinal, finales de otoño, fue uno de los grandes éxitos y sensaciones del siguiente Salón de ParÃs; y en una posterior exhibición en Munich fue comprada por el gobierno bávaro, a despecho de las jugosas ofertas de tres firmas productoras de extracto de carne. A partir de entonces tuvo asegurada una larga serie de éxitos; y la Royal Academy tuvo el agrado, dos años después, de colgar en lugar prominente su gran lienzo Macacos destrozando un tocador.