La reticencia de Lady Anne
La reticencia de Lady Anne —Un memo —fue el comentario mental de Don Tarquinio al cerrarse la puerta tras la retirada de Egbert. Luego, alzó al aire sus aterciopeladas garras delanteras y brincó con agilidad a una estantería situada justamente debajo de la jaula del pinzón real. Era la primera vez que parecía advertir la existencia del pájaro, pero desplegaba un plan de acción preconcebido, con la precisión de una madura deliberación. El pinzón real, que se imaginaba a sí mismo como algo parecido a un déspota, súbitamente se confinó en una tercera parte de su radio de acción normal para sumirse luego en un desvalido aleteo y en un estridente piar. Había costado veintisiete chelines, jaula aparte, pero lady Anne no hizo el menor gesto de ir a intervenir. Llevaba muerta dos horas.