La reticencia de Lady Anne
La reticencia de Lady Anne —Apenas a nadie —dijo Framton—. Mi hermana estuvo aquÃ, en la rectorÃa, ¿sabe usted?, hace unos cuatro años y me dio cartas de presentación para algunas personas.
Esta última afirmación la formuló en un tono de clara pesadumbre.
—¿Entonces no conoce usted prácticamente nada acerca de mi tÃa? —prosiguió la joven y circunspecta damita.
—Sólo su nombre y dirección —admitió el visitante. SentÃa curiosidad por saber si la señora Sappleton era casada o viuda. En la estancia reinaba algo indefinible que parecÃa sugerir una presencia masculina.
—Su gran tragedia ocurrió hace tres años —dijo la joven—. Eso debió ser después de la estancia de la hermana de usted.
—¿Su tragedia? —preguntó Framton. De algún modo, las tragedias parecÃan estar fuera de lugar en este plácido paraje rural.
—Tal vez se pregunte usted por qué mantenemos abierta de par en par aquella puerta en una tarde de octubre —dijo la sobrina señalando una puerta cristalera que daba sobre el césped.
—Está bastante templado para esta época del año —dijo Framton—. Pero, ¿esa puerta tiene algo que ver con la tragedia?