La reticencia de Lady Anne
La reticencia de Lady Anne —Por esa puerta, hoy hace tres años, salieron su marido y sus tres hermanos pequeños para una jornada de caza. Nunca regresaron. Cuando cruzaban el páramo camino de su terreno favorito para tirar a las agachadizas los tres fueron engullidos por una ciénaga traicionera. Había sido un verano terriblemente húmedo, ¿sabe?, y lugares en los que durante años no había peligro alguno se hundían súbitamente, sin previo aviso. Sus cuerpos nunca fueron hallados. Esto fue lo más horrible de todo —en este punto la voz de la joven perdió su aplomo y se tornó temblorosamente humana—. La pobre tía aún cree que algún día regresarán, ellos y el pequeño spaniel castaño que desapareció junto con ellos, y atravesarán esa puerta tal y como solían hacerlo. Por eso la puerta permanece abierta por las tardes hasta que se hace completamente de noche. La pobre y querida tía me ha contado muchas veces cómo partieron, su marido con su capote blanco impermeable bajo el brazo, y Ronnie, su hermano más pequeño, cantando “Bertie, ¿por qué brincas?” para importunarla como siempre, ya que ella decía que le atacaba a los nervios. ¿Sabe?, algunas veces, en tardes placidas y sosegadas como esta casi llego a tener el hormigueante sentimiento de que todos ellos van a trasponer esa puerta…