La reticencia de Lady Anne
La reticencia de Lady Anne El alivio de estar vivo y la exasperación causada por la forzada cautividad hicieron brotar una extraña mezcla de piadosos votos de gratitud y vehementes imprecaciones en los labios de Ulrich. Georg, medio ciego por la sangre que corrÃa por sus ojos, detuvo por un instante su forcejeo para escuchar y emitió luego una breve e insidiosa risita.
—Asà que no estás muerto, como debieras; pero, en cualquier caso, estás atrapado —exclamó—, bien atrapado. Vaya, esto sà que tiene gracia. Ulrich von Gradwitz cogido en la trampa en el bosque robado. ¡Te ha alcanzado la verdadera justicia!
Y volvió a reÃr, burlona y ferozmente.
—Estoy atrapado en mi propio bosque —replicó Ulrich—. Cuando mis hombres vengan a rescatamos quizás preferirás estar en el cepo que no atrapado en flagrante furtivismo en las tierras de tu vecino, ¡afrentado te veas!
Georg guardó silencio unos instantes; luego dijo quedamente: